En casa, el repostero por excelencia siempre ha sido mi padre, pero lo cierto es que desde hace unos años, he tomado su relevo y empezado a convertirme en la chef principal de determinados postres. Uno de ellos, mi favorito, los crepes. Es por eso que, junto a mi hermana decidimos cocinar para mi familia y para mí unos crepes como merienda del dia de su cumpleaños. Reprodujimos música a todo volumen y nos pusimos manos a la obra. Al principio íbamos un poco descordinadas y alocadas con los ingredientes arriba y abajo, pero fue cuestión de tiempo encontrar el equilibrio entre nuestras maneras de proceder. El resultado: unos suculentos crepes caseros realizados con amor.
Fue genial poder cocinar con mi hermana, sobretodo porque tenemos la suerte de llevarnos genial y realmente nos reímos mucho juntas. Realmente fue una experiencia muy positiva y una manera de desconectar un poco del estrés del trabajo escolar acumulado.